Sacrificio y la Sangre de Jesús: Base de la Justificación

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Y ahora que hemos sido justificados por Su sangre, ¡con cuanta más razón, por medio de Él  seremos salvados del castigo de Dios. (Romanos 5:9 NVI)

Meditación
Continuando con Pablo, toda su exposición gira en torno a “Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2); y esta perspectiva transforma también su visión de la justificación. El sacrificio (obra vicaria) de Jesús es la base indispensable de la salvación, pues estamos “justificados en su sangre” (Romanos 3:24). Como Segundo Adán, Él ha realizado el acto de obediencia y justicia (Romanos 5:19,18), que constituye nuestra justificación. Hecho maldición por nosotros en la cruz, nos ha justificado y en esa forma la bendición de Abraham, se ha extendido a los gentiles (Gálatas 3:14).

(2) Sacrificio y la Sangre de Jesús: Base de la Justificación

Dios Lo ofreció (Jesús) como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. (Romanos 3:25 NVI)

Meditación
La referencia acerca de la cruz en Romanos 3:24; es sacrificial y tiene por trasfondo la práctica ceremonial del día de la expiación, según Levítico (16); con su triple confesión de pecado (Romanos 3:23,25) y el derramamiento sobre el propiciatorio. Este era a la vez, lugar de expiación y de revelación de Dios (Éxodo 25:22). De igual manera, ahora la persona de Cristo en su muerte es el lugar donde el juicio de Dios se ejecuta expiatoriamente y donde a la vez se manifiesta la  justicia de Dios. Israel actual que guarda la ley, continúa conmemorado el día de la expiación.

(3) Sacrificio y la Sangre de Jesús: Base de la Justificación

Porque en su tolerancia, Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús. (Romanos 3:25-26 LBLA)

Meditación
La tensión (o acción opuesta) mencionada en el pasaje que antecede (Romanos 3:26), entre la justicia de Dios y la justificación del pecador (impío), reconciliadas ambas en el sacrificio de Cristo, se describe en dos fases histórico de salvación: (1) Dios pasó por alto en su paciencia los pecados pasados del Antiguo Testamento (la humanidad antigua); pero sólo con miras a: (2) Manifestar en este tiempo (Nuevo Testamento o desde Pentecostés a la actualidad) su justicia; ahora, en el tiempo del cumplimiento.

(4) Sacrificio y la Sangre de Jesús: Base de la Justificación

Cercano está el que me justifica; ¿Quién contenderá conmigo? Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús. (Isaías 50:8; Romanos 2:16 LBLA)

Meditación
Pablo es elocuente y explícito con la justificación y sus implicancias. Es decir, recalca también la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra justificación. La Resurrección señala contundentemente la eficacia redentora del sacrificio de Cristo aceptado y sellado por el Padre, y confirma su triunfo cabal e indudable sobre el poder del pecado (1 Corintios 15:17). Entonces, ¿Quién nos puede acusar?, pregunta Pablo en (Romanos 8:33); puesto que Cristo es nuestro abogado defensor y el único juez; además es el mismo que habiendo muerto por nosotros, resucitó triunfante e intercede por nosotros a la diestra del Padre.

(5) Sacrificio y la Sangre de Jesús: Base de la Justificación

Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. (Romanos 6:4 LBLA)

Meditación
Seguimos con la disertación de Pablo sobre la relación entre la resurrección de Cristo y nuestra justificación. Justificados por la fe (Romanos 5:1; renacidos mediante la fe), resucitamos con Cristo a novedad de vida (regeneración o nuevo nacimiento; Romanos 6:4-5); en la semejanza de su resurrección, de modo que la justicia de la ley se cumple ahora en nosotros los que andamos conforme al Espíritu del que levantó a Cristo de los muertos (Romanos 8:1-11). Este fue el proceso, que expuso Cristo a Nicodemo (Juan 3): “Si no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

¡Jesús Resucitó y está Vivo; Hay Vida y Victoria en Él!

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